jueves, 4 de abril de 2013
¿Por qué volvieron mis musas?
Llevaba mucho tiempo sin escribir, y esta vez no ha sido solo por falta de tiempo, era más bien una falta de musas. Hace poco comprendí que realmente no escribo para los demás, escribo para mí. Es una forma de encontrarme a mi misma y de poner mis ideas en orden, y si a su vez encuentro algo de reconocimiento, pues siempre gusta. Lo que decía, últimamente las musas no han rondado por mi vida, hasta que hace poco llegó, o más bien volvió a llegar un libro a mis manos, La elegancia del erizo de Muriel Barbery. Este libro me lo regaló un viejo amigo hace tiempo y cuando me lo empecé a leer me pareció el libro más aburrido y horrible del mundo por lo que lo abandoné a medio camino sin ningún remordimiento, pero por casualidades de la vida en una clase universitaria, bastante inspiradora, la profesora nos trajo un extracto de este libro para que reflexionáramos. Era extraño, pues lo que estaba leyendo no tenía nada que ver con la abominable obra que yo recordaba, más bien me resultó completamente inspiradora, una musa se me apareció en ese mismo momento. Y un nuevo amigo me dijo, yo creo que ese libro si que te podría gustar, debe ser que ya me van conociendo. Así que cuando estas vacaciones elegí un libro para llevarme como acompañante en mi viaje a Lisboa y lo vi en mi estantería, no lo dude. He de reconocer que todavía no lo he terminado, pero las musas han vuelto a mi vida y me daba un poco de miedo esperar y dejarlas que se fueran, así que hoy que tengo la inspiración al nivel de los dioses del Olimpo y la necesidad imperiosa de hacerlo, me he puesto a escribir. Quise buscarle una explicación a por qué una cosa que me resultaba tan horrenda, ahora me parecía de lo más interesante, y dado que soy una persona bastante cuadriculada no se trataba de una cuestión de cambio de gustos, la clave estaba en que ahora era capaz de entenderlo y en su día no. Es curioso porque ahora que soy capaz de entenderlo es el momento de mi vida en que me he dado cuenta de todas las cosas que no sé, y sin embargo por aquella época me sentía por así decirlo, una persona muy inteligente, no es que mi ego haya disminuido, ni mucho menos, seguramente la seguridad en mi misma es ahora bastante más fuerte que entonces. Pero, ¿sabéis qué? Cuanto más sé, más me doy cuenta de lo poco que sé, y entiendo cada vez más esa frase socrática de "Sólo sé que no sé nada". Parece mentira, pero leer este libro, o más bien el ser capaz de leer este libro me ha hecho poder ver distintos conceptos que había en mi cabeza unidos como una tela de araña, pero que sin embargo era incapaz de ver. Uno de esos conceptos es que en un taller de animación a la lectura (el porqué de mi presencia en un taller de animación a la lectura es una historia larga que no viene al caso) me contaron que cada libro tiene un momento en la vida para ser leído, y si te obligas a leerlo antes de tiempo seguramente hará que lo odies, cuando retomé La elegancia del erizo comprendí a la perfección lo que aquel hombre quería decir. Por otra parte es curioso, uno de los personajes protagonistas de la obra es una niña de 12 años de una inteligencia prodigiosa, es algo pedante, repipí y altanera y sin embargo no puedo dejar de sentirme identificada con ella, y no porque a los 12 años yo tuviera una inteligencia prodigiosa, quién sabe, en el fondo a lo mejor siempre he sido algo pedante, repipí y altanera. Pero en un intento de autocompasión y de intentar pensar que en realidad no soy todas esas cosas me dí cuenta que en muchas ocasiones nos sentimos identificados con los personajes de lo que leemos o vemos, y si te fijas a tu alrededor a todos nos pasa y si vas un poco más allá, hay mucha gente que no tiene nada que ver contigo y que sin embargo se siente muy identificado con el mismo personaje que tú, y en ese momento la otra pieza del puzzle encajó, es decir, que comprendí otro de los conceptos que rondaban por mi cabeza sin conexión alguna con el resto. Este concepto tiene algo más que ver con mi directora de teatro y la obra que estoy representando. Mi personaje es una mujer bastante dura, sin embargo, mi directora no paraba de repetirme que no podía ser tan brusca al representarlo que podía ser borde, pero que los personajes tenían que caer bien. Pues la verdad es que en ese momento no lo entendí muy bien, pero tras lo que os he contado antes (lo de sentirnos identificados con los personajes), lo vi claro, nos sentimos identificados con ellos porque aunque sean apestosamente idiotas están escritos para que nos caigan bien, y todos en el fondo buscamos vernos reflejados en el otro, ¿y quién mejor que alguien que nos cae bien?
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Es mi libro favorito, no dejo de hacer trabajos de él para clase... podría leerlo millones de veces y encontrar algo nuevo, ¿viste la peli? Es genial...
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