No sé si es porque últimamente estoy algo más sensible o porque este hombre marcó un antes y un después en mi forma de pensar, pero esta mañana al enterarme de su fallecimiento no he podido evitar que un trocito de mí se estremeciera y una pizca de agua salada brotara de mis ojos, no quiero escribir un drama, pero ya sabéis que este blog es mi refugio y no tenía más remedio que venir aquí y contar la profunda lástima que hoy siento. Sinceramente, con los últimos personajes que han muerto recientemente no he sentido ninguna pena, siento ser brusca, pero es así, yo soy así, las únicas veces que demuestro sentimientos que no siento son cuando estoy encima del escenario.Creo que guardo bastante estima a este hombre no solo por ser mi inspiración, sino porque en parte me recordaba a mi abuelo, sí, una de esas personas que cuando hablaba los demás callaban, porque es lo que se debe hacer cuando el que habla está diciendo algo mucho más interesante de lo que tú podrás decir en toda tu vida. Ese hombre no era sabio, era sabiduría, ese hombre no era bueno, era bondad. Ese hombre fue la inspiración de muchos durante toda su longeva vida, hasta el último momento. Con un prólogo suyo consiguió que yo, que empezaba a dar tumbos ya por el mundo de la no resignación, me indignara, me indignara de verdad. 96 años entregados a hacer del mundo, un mundo mejor. Y hoy que no estas, el mundo, sin duda, es un poquito peor.
Me hiciste ver lo verdaderamente importante de la vida con Salvatore Roncone, me hiciste llorar con su muerte y ahora me haces llorar con la tuya. Hasta siempre Sampedro.
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