
Frustración. Decepción. Ira. Enfado. Desconfianza. Tristeza. Rabia. Y lo peor de todo... MIEDO.
Sí, tengo miedo, miedo al ver en lo que nos estamos convirtiendo, o quizá en lo que ya eramos pero no veíamos. Yo era de las que confiaba ciegamente en el sistema, siempre he pensado que tiene numerosos errores, pero como yo, la mayoría de las personas creíamos en él. Lo llaman legitimad, algo que no se debe confundir con legalidad. La legalidad es lo que dice la ley, la legitimidad es el poder que le otorgan los individuos a algo a través de su confianza. Por ejemplo, que los policías se liaran a palos con los estudiantes de Valencia el otro día, aunque cueste creerlo, es legal, pero en ningún caso es legítimo. No sé si se dan cuenta de la gravedad del asunto, y es que hay una cosa básica que no pueda faltar en una sociedad (y ya esto a nivel personal), creo que ante todo, antes de cualquier otra cosa, los ciudadanos tenemos derecho a la educación. La educación nos hace libres, nos hace avanzar, nos abre el futuro.
No me gusta ser demasiado partidista, pero me han tocado las narices, y me voy a posicionar. Sí, me voy a dirigir a este nuestro querido gobierno, a este gobierno comparable a Eduardo Manostijeras, recortad lo que queráis, pero sed un poquito inteligentes y no recortéis en educación, eso es pan para hoy y hambre para mañana. No sé si lo vuestro es falta de inteligencia o una terrible maldad. Sinceramente prefiero pensar que son estúpidos y que no se han parado a meditar sobre la gravedad de sus actos, una sociedad sin educación es una sociedad sin futuro. Y digo esto, porque prefiero pensar que lo de recortar en educación es una mezcla de medida desesperada y estupidez y no de querer volver estúpida a su población. Ya se sabe, una población ignorante, es igual a una población manipulable. Y quiero seguir pensando bien de ustedes, y que cuando mandaron a los antidisturbios a dar palos a los estudiantes, quiero pensar que fue un tremendo error, una equivocación, aunque me está costando pensar bien, pues todavía no veo la razón de su acción.
Nos dicen que la cosa está muy mal, y entonces todo vale, pero a mi no, a mi todo no me vale. No me hagáis reformas para que todos tengamos trabajo, si van a ser precarios. No me vendáis la moto de medidas necesarias, y acabéis de un plumazo con todos los derechos por los que se ha trabajado durante tantos años. Y nosotros, los ciudadanos, no nos conformemos, no nos creamos que no hay otra, siempre hay otra.
Esta reforma va a crear puestos de trabajo, no lo dudo, (a largo plazo eso sí), pero miremos en qué condiciones, qué salarios, qué vida. Digamos que la reforma se podría resumir en esta frase: "tengo dos noticias, una buena y otra mala; la buena, hay comida para todos; la mala, hay mierda para comer".
Sinceramente, espero de ustedes, miembros del gobierno, que la razón de tanta insensatez sea la estupidez (soy consciente de la gravedad de lo que estoy diciendo) y no la razón que realmente pienso.
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