jueves, 17 de mayo de 2012

¿Por qué el camino?

Lo necesitaba, lo necesitaba de verdad. Pensé este será el camino de tomar decisiones, el camino de pensar en lo que voy a hacer. Pero no, no tomé ni una sola decisión, volví con las mismas dudas que tenía, sin embargo, fue el camino de pensar, pero en todo en general. Y es que nunca había vivido una metáfora más real de la vida. Mis pies me llevaban a través de él, mi mochila era todo aquello que cargas sobre la espalda, y llega un momento en el que te das cuenta de que hay cosas que no necesitas y decides desprenderte de ellas. Y las ampollas, las ampollas era el claro reflejo del dolor que a veces tienes que sufrir, en la vida hay de eso, aunque muchas veces no lo quiera admitir. La única diferencia con la vida real, es que en esta no te encuentras señales que te marcan el camino, en la vida las decisiones las tiene que tomar uno mismo, aunque eso si como el camino la vida en compañía se hace mucho más amena.
Pero de lo que más me he dado cuenta, es de las cosas innecesarias a las que nos atamos a lo largo de nuestra vida, y es que esta semana he sobrevivido a base de poco dinero, una mochila y mis pies. No se necesita nada más, y sin embargo, he vivido completamente feliz, he reído como hacía tiempo que no reía, he llegado más allá de mis límites. He visto que la ilusión, la templanza y el amor todavía existen. He visto la despreocupación, la necesidad de escapar, corazones rotos, y otros unidos tras años y años. He comprendido que en el fondo todos somos iguales, he hablado sobre la Unión Europea con alemanes, de España con catalanes y del 15M con policías. 
A pesar del cansancio, de las ampollas, de las lágrimas, del no puedo pero aquí sigo, me quedo con la felicidad y la paz que he sentido. Camiño, llegaste en el momento justo.